BOLETÍN FOTOSENSIBLE nº 27, ago., sept., oct. 2009

FOTOGRAFIAR EL PAÍS GENUINO

Los senderos por los que transitan los pensamientos y acciones de los colectivos humanos asentados en las más grandes ciudades del mundo que hoy vivimos, manifiestan sus preferencias culturales y –fundamentalmente- de esparcimiento inmersas en la reciente noción de globalización. Este nuevo paradigma luce como un péndulo muy distinto al que dejó maravillado a Galileo Galilei dentro de la catedral de Milán cuando observó un día del siglo dieciséis aquella gran lámpara oscilando durante el desarrollo de un temblor de tierra. Como es sabido, ese momento tuvo para él y para la humanidad toda una resonancia extraordinaria por todas las implicaciones inherentes a la redondez de nuestro hogar. Se extendió desde entonces un panorama amplísimo y rico en posibilidades, destinos e historias donde el conocimiento ha jugado un papel determinante.

La globalización que nos visita ahora a diario en todas partes por diversos medios y vías opera como un filoso péndulo que hace su trabajo sin tener que desplomarse. Representa en la actualidad la mayor amenaza contra la invaluable cultura popular, columna vertebral de la humanidad que se pretende reeducar con nuevos hábitos y valores ilusorios, intrascendentes. En una de sus estrategias más visibles se unen la despersonalización generalizada, el culto a la tecnología como un fin en sí mismo y la tendencia a que se conciba la ficción como un espectro más interesante que la propia realidad, aspectos que tocan de cerca las preocupaciones de fotógrafos y cineastas que se expresan desde la perspectiva documental. Presenciar y registrar rostros, atmósferas, faenas, situaciones, paisajes y costumbres termina convirtiéndose ahora más que nunca en un compromiso que sobrepasa el ejercicio profesional de tales actividades, quizás porque ellos visualizan con mayor claridad que otros grupos humanos el gran volumen y la diversidad de tesoros que han comenzado a perderse para siempre.

Por muchos años -más de los necesarios- nuestro país se ha desenvuelto sobre las incomodidades y calamidades que se nos presentan a lo largo de algunos eslabones rotos, siendo los culturales los más difíciles de reparar. Esta es una materia histórica pendiente. Caracas queda muy lejos de Venezuela porque siempre le ha dado la espalda a las realidades y particularidades de las otras regiones que dan cuerpo a la nación, circunstancia que se repite en otras capitales de cara a sus respectivos estados. El desconocimiento suele ser mutuo porque desde lejos Caracas parece ser solo tráfico vehicular, centros comerciales, mujeres despampanantes y violencia, aunque de todo eso hay bastante. Aunque sorprenda a muchos todavía es posible encontrar en el país profundo a mujeres y hombres criollos –además de los colectivos indígenas- que poseen en su estructura cultural un nexo directo con los asideros propios de los siglos dieciocho y diecinueve venezolanos.

Fotografiar el país ya lejano y los cambios vertiginosos que se suceden permanentemente le corresponde a quienes consideran su trabajo como un aporte que es necesario fortalecer y propiciar en otros. Para ello no es imprescindible que a los fotógrafos documentales le sean suministrados los medios para hacerlo, aunque eso debe suceder. Se requiere implementar metodologías simples y efectivas acompañadas de las investigaciones correspondientes. Aquel que investiga a fondo -consultando diversas fuentes a lo largo del tiempo- lo que registra visualmente puede comprender y valorar aspectos que suelen ser pasados por alto durante contactos breves y superficiales, como sucede con el turismo convencional,  que no se detiene en ningún lugar porque los están esperando en otro lado con la cena lista. Resulta fundamental en este sentido seleccionar temas concretos e inmiscuirse durante un lapso de tiempo -sin predeterminar- en sus especificidades sin que el resultado constituya un espectro modificado de lo real reconocible, incorporando elementos ajenos -que serían ya propios de la referida ficción, por la que se supone que nadie irá preso- a las escenas fotografiadas. Citemos a Miguel Acosta Saignes y Alfredo Boulton, cuyas imágenes sobre el país aún palpitan por su contenido y conmueven por su elocuencia. Ellos supieron trabajar organizadamente con el propósito de legar cuerpos temáticos sin los cuales no sabríamos desandar hoy algunos pasajes de nuestra historia reciente. Se evidencia en sus trabajos una intención descriptiva y telúrica, cuya conjunción procura elevados límites porque no utilizaron en sus registros lentes angulares  de muy bajo milimetraje que deforman las proporciones, efecto óptico muy de moda en estos tiempos. No todo fotógrafo que utiliza lentes angulares hace parecerlos como lentes normales. Ejercer la fotografía documental es una invitación a viajar siempre cerca y lejos, aunque los viajes más relevantes son aquellos que hacemos hacia el interior de nosotros mismos para intentar comprender a los demás seres. Son estimulantes en este sentido las conquistas alcanzadas en el presente en los terrenos de la música y la literatura, en los que se ha logrado involucrar numerosos destinos de toda la geografía nacional.

Galileo debe estar ahora abrazado a ese péndulo estigmático tratando de disminuir su alcance oscilatorio, preocupadísimo por un futuro que se nos escapa a todos, como a tantos shamanes –anónimos e indocumentados casi todos- de las selvas y bosques de galería de la tierra que han sabido también percibir la incertidumbre, retornando a las nacientes de los ríos buscando otra vez en la simplicidad de la luz y en el silencio lo más significativo de su simbología trascendental.


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